Has conseguido ese puesto, has aprobado esa oposición o te felicitan por un trabajo bien hecho, y en lugar de disfrutarlo sientes que ha sido suerte, que no te lo mereces y que, tarde o temprano, los demás descubrirán que no eres tan capaz como creen. Si esto te resulta familiar, puede que estés experimentando lo que se conoce como síndrome del impostor. En RASGO, Centro de Salud Mental en Jerez de la Frontera, lo vemos con frecuencia, y la buena noticia es que se puede trabajar.

Qué es el síndrome del impostor

El síndrome del impostor es un patrón psicológico por el cual una persona es incapaz de atribuirse sus propios logros. A pesar de las evidencias objetivas de su valía —títulos, resultados, reconocimientos—, vive con la convicción interna de que no se merece lo que ha conseguido y de que está engañando a los demás sobre sus verdaderas capacidades.

No es un trastorno mental como tal, sino una forma de vivirse a uno mismo que genera mucho malestar. Y es más común de lo que parece: lo experimentan personas de todos los ámbitos y niveles, incluidas aquellas con trayectorias brillantes.

Señales de que podrías tenerlo

  • Atribuyes tus éxitos a la suerte: «me tocó un tribunal fácil», «estaba en el lugar adecuado», en lugar de a tu esfuerzo o capacidad.
  • Miedo a ser «descubierto»: vives con el temor de que en cualquier momento se den cuenta de que no vales tanto.
  • Minimizas lo que logras: «cualquiera lo habría hecho», «no es para tanto».
  • Te exiges en exceso: el perfeccionismo es tu forma de intentar evitar que se note ese supuesto «fraude».
  • No encajas los elogios: cuando te felicitan, te incomoda y tiendes a rechazarlos.
  • Te comparas constantemente: y casi siempre sales perdiendo en esa comparación.

Por qué aparece

El síndrome del impostor no surge de la nada. Suele alimentarse de varios factores:

  • Autoestima frágil: cuando la valía personal no está bien asentada, cuesta integrar los logros como propios.
  • Exigencia aprendida: haber crecido en entornos donde el cariño o la aprobación dependían de los resultados.
  • Perfeccionismo: poner el listón tan alto que nada parece suficiente.
  • Comparación social: especialmente en una época en la que solo vemos los éxitos ajenos, nunca sus dudas ni sus fracasos.
  • Creencias limitantes: ideas interiorizadas del tipo «tengo que demostrar todo el tiempo que valgo».

El círculo del impostor

Lo que mantiene este patrón es un círculo que se retroalimenta. Ante una tarea importante, aparece la duda sobre la propia capacidad. Para compensarla, la persona o bien se sobreprepara hasta el agotamiento, o bien procrastina por miedo a no estar a la altura. Cuando el resultado es bueno, no lo vive como mérito propio, sino como suerte o como fruto de ese esfuerzo desmedido. Así, nunca llega la sensación de valía, y la duda vuelve a aparecer con el siguiente reto. Romper este círculo es precisamente el objetivo del trabajo terapéutico.

Cómo empezar a superarlo

1. Ponle nombre

Saber que esto que te pasa tiene nombre y que le ocurre a muchísima gente ya alivia. No estás solo ni sola, y no significa que seas un fraude.

2. Registra tus logros de forma objetiva

Anota tus conseguidos y, al lado, qué hiciste tú para lograrlos. Ver por escrito tu parte real ayuda a contrarrestar la tendencia a atribuirlo todo al azar.

3. Cuestiona el pensamiento automático

Cuando aparezca el «esto fue suerte», párate y pregúntate: ¿qué pruebas tengo a favor y en contra? Lo más probable es que haya mucho esfuerzo tuyo detrás.

4. Habla de ello

Compartir estas dudas con personas de confianza rompe el secretismo que las alimenta. Descubrirás que muchas personas a las que admiras sienten lo mismo.

5. Revisa tu relación con el perfeccionismo

Aprender que «suficientemente bien» también es válido reduce la presión y la sensación constante de tener que demostrar tu valía.

Cuándo pedir ayuda profesional

Si el síndrome del impostor te genera ansiedad, te frena a la hora de asumir retos que deseas o te impide disfrutar de lo que consigues, la terapia puede ayudarte mucho. Trabajar la autoestima y las creencias que sostienen esa sensación de fraude permite empezar a reconocer tu valía de verdad, no solo de boca para afuera.

En RASGO acompañamos a personas que, pese a sus logros, viven con la sensación de no ser suficientes. Si te has reconocido en este artículo, pedir una primera valoración puede ser el primer paso para dejar de sentirte un impostor en tu propia vida y empezar a habitar tus éxitos con tranquilidad.