Con frecuencia se asume que estar triste, apagado o ansioso "es normal a cierta edad". Es un error que hace que muchas personas mayores sufran en silencio problemas que tienen tratamiento. La salud mental importa a los 20, a los 50 y también a los 80. En este artículo, el equipo de RASGO explica cómo reconocer la depresión, la ansiedad y otras dificultades en la tercera edad, por qué a veces pasan desapercibidas y cómo se pueden abordar.
La salud mental no se jubila
El envejecimiento trae cambios: la jubilación, la pérdida de seres queridos, la aparición de enfermedades, la reducción de la autonomía o la soledad. Son situaciones que suponen un reto emocional importante. Que sean comprensibles no significa que la persona tenga que resignarse a sentirse mal de forma permanente. La tristeza puntual es normal; la depresión o la ansiedad mantenidas no lo son, y merecen atención.
La depresión en el mayor: no siempre se ve como tristeza
En las personas mayores, la depresión a menudo no se manifiesta con llanto o con quejas de tristeza, sino de formas que despistan:
- Molestias físicas persistentes sin causa médica clara (dolores, cansancio, malestar).
- Pérdida de interés por actividades y aficiones de siempre.
- Irritabilidad, apatía o "dejarse llevar".
- Problemas de sueño y de apetito.
- Quejas de memoria o de concentración que pueden confundirse con demencia.
- Aislamiento y menor cuidado personal.
Precisamente porque se disfraza de dolencias físicas o de "cosas de la edad", muchas depresiones en mayores no se detectan ni se tratan.
Ansiedad y soledad
La ansiedad también es frecuente: preocupación excesiva por la salud, miedo a caer, a quedarse solo o a ser una carga. A esto se suma la soledad no deseada, uno de los grandes factores de riesgo para la salud mental en la vejez. El aislamiento alimenta la tristeza y la ansiedad, y estas, a su vez, empujan a aislarse más. Romper ese círculo es uno de los objetivos del acompañamiento.
Deterioro cognitivo: cuando la memoria preocupa
Olvidar cosas de vez en cuando forma parte del envejecimiento normal. Otra cosa distinta es un deterioro que interfiere en el día a día: perderse en lugares conocidos, repetir mucho las mismas preguntas, dificultades para manejar el dinero o los medicamentos. Ante estas señales conviene una valoración, porque permite distinguir entre un olvido benigno, una depresión que afecta a la memoria o un posible deterioro cognitivo, y actuar en consecuencia.
Por qué merece la pena pedir ayuda
Existe la idea equivocada de que "a estas alturas ya no se puede hacer nada". Es falso. La psicoterapia, adaptada al ritmo y las necesidades de la persona mayor, es eficaz para la depresión y la ansiedad. El tratamiento psiquiátrico, cuando hace falta, ayuda a recuperar el equilibrio. Y el simple hecho de contar con un espacio de escucha, de recuperar rutinas y vínculos, mejora enormemente la calidad de vida. Cuidar la salud mental en la vejez es cuidar los años que quedan por vivir.
Cómo acompañar a un mayor de la familia
- Presta atención a los cambios de ánimo, de sueño o de hábitos, sin restarles importancia.
- Escucha sin agobiar y sin decir "tienes que animarte", que solo genera culpa.
- Favorece el contacto social y las actividades que disfruta, dentro de sus posibilidades.
- Acompáñalo a una valoración profesional si el malestar se mantiene.
- Cuídate también tú: acompañar desgasta, y el cuidador también necesita apoyo.
Conclusión
La depresión, la ansiedad, la soledad o los problemas de memoria en la tercera edad no son un peaje inevitable de la edad: son situaciones que se pueden evaluar, comprender y tratar. En RASGO, Centro de Salud Mental en Jerez de la Frontera, ofrecemos valoración y acompañamiento adaptados a la persona mayor y a su familia, con un trato cercano y respetuoso. Si notas que un ser querido, o tú mismo, no está bien desde hace tiempo, pedir una valoración es un acto de cuidado, no de debilidad.